Por qué los relatos se les quedan grabados a los niños mucho mejor que los consejos
Guarda tus juguetes.
Trata bien a los demás.
No tires la toalla antes de tiempo.
Todos los días, los padres reparten consejos a montones.
Y sin embargo, a veces da la impresión de que los niños se olvidan de esos consejos apenas terminan de escucharlos.
Pero cuéntales una buena historia sobre un caballero valeroso, un amigo servicial o un explorador curioso, y de golpe el mensaje se les queda grabado.
¿A qué se debe este funcionamiento?
El ser humano tiene una fascinación innata por las historias
Contar historias es una práctica que se remonta miles de años atrás.
Mucho antes de que se inventaran los libros, el conocimiento pasaba de boca en boca mediante relatos.
Y no fue casualidad.
Estamos hechos para las historias: nuestro cerebro las asimila casi por instinto.
Convierten la información en algo comprensible y con sentido.
Las historias están cargadas de emoción
Las emociones cumplen un papel fundamental a la hora de aprender.
Cuando una historia logra despertar tensión, humor o emoción, los niños la retienen mucho mejor en la memoria.
Un consejo seco casi siempre pesa menos emocionalmente.
Los niños aprenden mucho más viendo que escuchando
Una historia deja ver, más que nada, cómo actúa una persona.
Un consejo indica lo que alguien debería hacer.
Esa diferencia no es un simple detalle.
Los niños entienden mucho mejor cómo comportarse cuando tienen un ejemplo delante.
La imaginación se pone en marcha con los relatos
Al hilo de una historia, la mente va tejiendo imágenes.
Los niños tienen la situación prácticamente delante de sus ojos.
Como resultado, la información se procesa con mayor profundidad.
Menos fricción
Hay ocasiones en que un consejo suena más a orden que a sugerencia.
Las historias se viven como si fueran hallazgos propios.
Por eso genera menor resistencia.
Muchas veces son los propios niños quienes terminan sacando sus conclusiones de un relato.
Los valores se inculcan de forma sutil
Los cuentos les permiten a los niños aprender sobre:
- Amistad
- Perseverancia
- Honestidad
- Empatía
- Valor
Sin que dichas lecciones se impongan de manera explícita.
Por qué las historias con un toque personal calan todavía más hondo
Cuando el protagonista es un niño, el mensaje cala todavía más hondo.
El niño no se limita a ver cómo actúa un héroe.
El niño se siente él mismo protagonista de esa historia, como un auténtico héroe.
Por eso, muchas veces, esa lección termina siendo la más contundente.
Lo que esta situación puede enseñarles a los padres
Las recomendaciones no pierden su valor.
Pero contar una historia ayuda a que esos consejos se queden grabados con más fuerza.
La lectura en voz alta es una manera natural de inculcar valores importantes.
**Conclusión** Llegados a este punto, queda claro que...
Los niños retienen mejor las historias que los consejos, y no es casualidad: en un relato se mezclan emociones, ejemplos concretos e imaginación, y esa combinación se les queda grabada.
Convierten las lecciones abstractas en algo concreto y fácil de entender.
Por algo los relatos han sido, desde hace siglos, una de las vías más eficaces para transmitir conocimiento, valores y experiencias.
Y tal vez sea justamente por eso que una buena historia, en ocasiones, logra más que cien consejos bien intencionados.
