Para los adultos, un cambio puede resultar hasta ilusionante. Para los niños, en cambio, hasta el más mínimo cambio puede vivirse como algo enorme.
Un nuevo colegio.
Una mudanza.
Otra habitación.
Un hermano, o quizás una hermana.
Una mascota nueva.
La primera vez que fue a la guardería.
O quizás se trate de una situación que a ti, como padre, te parece de lo más normal, pero que tu hijo vive como algo importante.
Los niños necesitan rutinas y sentirse seguros. Por eso, cuando algo cambia, pueden aflorar sentimientos de todo tipo: tensión, entusiasmo, tristeza, incertidumbre e incluso rabia.
¿Qué puedes hacer tú, como padre, para ayudarlo en este proceso?
1. Tómate en serio lo que siente tu hijo
El primer paso es quizás el más importante de todos: procura no restarle importancia al cambio, al menos no desde la perspectiva con la que tu hijo lo está viviendo.
"¿Por qué habrías de tener miedo, no?"
No es para tanto.
"Ya verás qué divertido va a ser."
Seguramente lo dices con la intención de calmar a tu hijo, pero él puede entenderlo de otra manera: que lo que siente no tiene razón de ser.
Prueba mejor a decir lo siguiente:
"Entiendo que te resulte emocionante."
Alternativamente:
Este texto no requiere reescritura, ya que en realidad son dos versiones de una traducción al inglés que se te pidió mejorar, no el fragmento a reescribir en sí. Si me proporcionas el fragmento original que debía traducirse o reescribirse, con gusto te ayudo. Sin embargo, si tu intención era simplemente pulir la segunda opción («También es un cambio bastante importante»), aquí tienes una versión más natural: "Además, se trata de un cambio bastante significativo."
No hace falta resolver un sentimiento en el acto.
A veces basta con que un niño sepa que ese sentimiento tiene derecho a existir.
2. Explícale con antelación lo que va a pasar
Los cambios suelen llevarse mejor cuando el niño sabe de antemano qué le espera.
¿Estás por cambiarte de casa? Explícale entonces con tranquilidad todo lo que va a pasar.
¿Tu hijo empieza en un colegio nuevo? Aprovechen para charlar sobre cómo se imaginan que será ese primer día.
¿Viene un bebé en camino? Conversen sobre lo que va a cambiar.
No hace falta que lo cuentes todo de una sola vez.
Repartir las charlas breves en varios días puede hacer que resulten más llevaderas.
3. Recurre a ejemplos con los que el lector se sienta identificado
Los niños suelen captar mejor los cambios cuando logras relacionarlos con algo que ya les resulta familiar.
En un colegio nuevo, podrías presentarte contando, por ejemplo:
Pronto empezarás en una clase nueva. Como en tu antigua escuela, ahí tendrás una maestra o un maestro, habrá otros niños y también un lugar para guardar tus cosas.
Así, lo desconocido termina resultando más familiar.
Otra opción es acercarse juntos a conocer el nuevo lugar.
Cuanto más logra un niño imaginar algo, menos miedo suele darle lo desconocido.
4. Deja que tu hijo tome sus propias decisiones en algo
Cuando llegan los grandes cambios, los niños a veces tienen la sensación de que todo se decide sin contar con ellos.
Procura, entonces, dejarle siempre un margen de pequeñas decisiones.
En una mudanza:
"¿Qué peluche te gustaría tener en tu cuarto nuevo?"
En un colegio nuevo:
"¿Cuál bolso te vas a llevar?"
En el caso de un dormitorio de nueva construcción:
"¿Dónde quieres poner tus libros?"
Son detalles mínimos, pero hacen que tu hijo sienta que tiene el control.
Y eso ayuda, sobre todo cuando lo demás escapa a su control.
5. Conserva en la medida de lo posible las rutinas de siempre
No hace falta cambiarlo todo a la vez.
Justo en medio de un cambio tan grande, aferrarse a las rutinas de siempre puede marcar la diferencia.
Sigue leyendo tal cual, por ejemplo, antes de irte a dormir.
Procura mantener horarios regulares para las comidas y el sueño.
Reserva siempre un rato para lo que de verdad te gusta hacer.
Así, un niño puede notar:
"No todo cambia, aunque sí muchas cosas."
Esa previsibilidad puede transmitir cierta sensación de seguridad.
6. Aprovecha las historias como puerta de entrada al tema del cambio
Los niños absorben gran parte de lo que aprenden a través de los cuentos.
Por eso, contar una historia puede ser una forma eficaz de plantear un cambio antes de que ocurra.
¿Tu hijo está a punto de estrenar colegio?
Así, pueden aprovechar para leer juntos un cuento sobre un personaje que se estrena en una escuela nueva.
¿La familia piensa mudarse?
Un relato sobre una mudanza, por ejemplo, puede servir para abordar el tema de una manera más cercana.
Lo bueno de contar una historia es que no hace falta hablar de tu hijo de forma directa.
¿Puedo hacerte una consulta antes?
"¿Qué crees que le resulta emocionante a este personaje?"
A veces, simplemente aparece solo:
¿A ti también te parecería emocionante?
7. Enmarca el cambio dentro de un relato positivo
Un cambio, claro está, no tiene por qué ser únicamente emocionante.
También puede haber momentos divertidos de por medio.
En un colegio nuevo, seguro que hace amigos nuevos.
Mudarse puede traducirse en tener un dormitorio más amplio.
Tener una nueva mascota puede significar ganar un compañero de vida.
Un hermano o una hermana puede convertirse, con el tiempo, en un compañero de juegos.
Procura ver en conjunto tanto el lado emocionante como el lado divertido.
Pero no pierdas de vista la realidad.
No hace falta que aparentes que todo va de maravilla.
Al mismo tiempo, puedes decir:
"Da emoción, y encima pueden pasar cosas graciosas."
8. Sé paciente y dedícale tiempo a tu hijo
No todos los niños viven los cambios de la misma forma.
El niño no para de preguntar cosas.
El otro niño apenas si abre la boca.
Un niño se entusiasma enseguida.
Al otro le hacen falta semanas para acostumbrarse.
Es lo normal que pasa.
No pretendas, entonces, que tu hijo comprenda o asimile un cambio de la noche a la mañana.
Procura estar disponible.
Presta atención, sigue escuchando.
Y deja que tu hijo se acostumbre a su propio ritmo, sin prisas.
Los cuentos pueden convertirse en un terreno seguro donde practicar
Un cuento puede prepararlos para ciertas situaciones antes de que les toque enfrentarlas.
Un personaje puede, por ejemplo, enfrentarse a su primer día de clases.
Tener miedo.
Hacer un amigo nuevo.
Equivocarse.
Volver a casa.
Una historia como esta le da al niño la oportunidad de imaginar lo que podría pasar.
Y tampoco hace falta que sea algo aburrido o con pretensiones didácticas.
Una historia de aventuras logra el mismo efecto.
Un niño que empieza en un colegio nuevo puede transformarse, dentro de un cuento, en un intrépido explorador que se adentra en un territorio desconocido.
El cambio cobra, de este modo, un matiz distinto.
Cuenta la historia en primera persona
Hay niños a los que les hace especial gracia verse reflejados en un cuento.
Por eso, un cuento personalizado puede ser una manera preciosa de animar al niño a expresar lo que siente frente a un cambio.
En Booklydoo puedes crear, entre otras cosas, un cuento donde tu hijo se convierte en el protagonista de la historia. Basta con una foto y un nombre para dar vida al personaje.
Luego puedes inventar una aventura que encaje con lo que tu hijo ya conoce y ha vivido.
Un relato conmovedor sobre lo que se siente al arrancar el primer día de clases.
Una historia que gira en torno a una mudanza.
Una historia donde el hermano o la hermana mayor tiene un papel fundamental.
O sencillamente una aventura fantástica donde tu hijo descubra que lo desconocido, a veces, puede esconder algo realmente especial.
Al verse reflejado en la historia, a tu hijo le resultará más sencillo hacer preguntas y expresar lo que siente.
Haz preguntas antes de lanzarte a dar soluciones
Cuando termines de contar la historia, puedes preguntar sin más:
"¿Qué fue lo que más te emocionó?"
¿Tú qué harías en mi lugar?
¿Te animas a intentarlo?
"¿A quién te llevarías?"
"¿Qué necesitarías para sentirte menos asustado?"
Trata de no dar la respuesta a la primera de cambio.
Sobre todo, escucha.
Así, puede que te encuentres con que a tu hijo le inquieta algo que ni siquiera se te había pasado por la cabeza.
Un cambio no siempre resulta sencillo desde el principio
Como es lógico, todo padre quiere que su hijo se recupere cuanto antes.
Pero la costumbre no se hace de un día para otro.
Un niño puede vivir con emoción el cambio a una escuela nueva.
Un niño puede sentir tristeza al dejar la casa donde creció.
Un niño puede sentir celos de un hermano recién nacido.
Un niño puede sentir entusiasmo y miedo a la vez.
Los sentimientos pueden convivir entre sí, sin excluirse unos a otros.
El propósito, entonces, no consiste en erradicar por completo las emociones negativas.
El propósito es que tu hijo llegue a comprender por sí mismo:
No hace falta que lo enfrentes tú solo.
De un giro apasionante a una nueva aventura
El crecimiento siempre trae consigo grandes cambios.
Hay viajes que se planifican con tiempo y otros que se presentan sin avisar. Algunos resultan divertidos; otros, más complicados.
Como padre, hay cambios que simplemente no está en tus manos evitar.
Puedes ayudarlo acompañándolo en el proceso, paso a paso.
Escuchando.
Aportando previsibilidad.
Dando a elegir entre alternativas sencillas.
Charlando entre ellos.
Y sirviéndose de los relatos como una forma segura de adentrarse en situaciones nuevas.
Porque a veces conviene vivir antes en la ficción eso que aún no se ha experimentado en carne propia.
Y quién sabe, quizás tu hijo encuentre ahí algo que de verdad le marque:
Un nuevo capítulo puede resultar emocionante, y a la vez marcar el inicio de una aventura maravillosa.
